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Santa María Egipciaca

Fiesta: 22 de Abril    ¿?- † Siglo IV

ació en Egipto. Apenas tenía doce años cuando huyó a Alejandría, donde vivió en prostitución y pecado durante 17 años, llevó una vida desastrosa incluso se fugó de la casa, cansada de sus padres. Un día se unió a un grupo de peregrinos que de Egipto iban al Santo Sepulcro de Jerusalén. Pero ella no iba a rezar sino a divertirse y a pasear. En el día de la festividad quiso entrar a la Iglesia pero en las tres o cuatro veces que lo intentó, una fuerza invisible se lo impedía, en tanto toda la gente entraba sin ningún obstáculo. Ella sintió entonces, dolor y tristeza en su corazón y, atrayendo la compasión de Dios por el arrepentimiento, logró cambiar el curso de su vida. Así, tomando esta decisión, entró a la Iglesia fácilmente y se postró ante el honorable madero de la Cruz.

Se echó a llorar amargamente mientras veía la imagen de la Virgen. La Madre de Dios le dijo:" En el desierto, más allá del Jordán encontrarás la paz".

María egipciaca se fue al desierto y allí estuvo por 40 años rezando, meditando y haciendo penitencia. Se alimentaba de dátiles, de raíces, de langostas y a veces bajaba a tomar agua al río. En el verano el terrible calor la hacía sufrir muchísimo y la sed la atormentaba. En invierno el frío era su martirio. Durante 17 años vivió atormentada por la tentación de volver otra vez a Egipto a dedicarse a su vida anterior de sensualidad, pero un amor grande a la Santísima Virgen le obtenía fortaleza para resistir a las tentaciones.

Hacia el final de su vida se encontró, en el desierto, con un asceta Sacerdote, Zocimo. El ermitaño y Sacerdote Zózimo ejerció en su vida un papel fundamental. Hablaban de cosas espirituales, leían la Biblia y María recibía la sagrada comunión. Un Jueves Santo esperaba con ansiedad la comunión. Quedaron en verse el domingo de Resurrección. El sacerdote, ilusionado, iba orando por el camino. Al entrar en su cueva, la encontró ya muerta sobre la arena con esta inscripción en un pergamino: Padre Zózimo, he pasado a la eternidad el Viernes Santo día de la muerte del Señor, contenta de haber recibido su Santo cuerpo en la Eucaristía. Ruegue por esta pobre pecadora, y devuélvale a la tierra este cuerpo que es polvo y en polvo tiene que convertirse.

Del lugar de su tumba surgieron muchos milagros, y mucha gente iba peregrinando a la sepultura de la penitente ejemplar. Su muerte se ubica hacia finales del cuarto siglo.